Hace unos años hice un viaje a la India, casi casi de rebote, porque no era un destino que me fascinaba pero cambió mi percepción del mundo e hizo que me diera cuenta de lo parecidas que somos las mujeres en todos los lugares de este planeta. Hay veces que en el mundo occidental nos sentimos "libres" para ser, actuar, trabajar y decidir, pero por ello no somos distintas. Hay algo en todas que me hace pensar que "alguien" nos dotó de un estuche gigante de ceras manley con las que pintarnos el alma desde dentro, a colores, desde donde el lápiz negro y absurdo queda al final por debajo y siempre acaba saliendo ese color vivo desde lo más profundo. Me quedé con sus colores, con sus sonrisas, con sus imágenes más allá del objetivo de la cámara, en mi retina y en esa parte del cerebro que sólo guarda lo más selectivo; y ellas, se quedaron con un trozo de mi alma para siempre. Por eso, ahora, quiero compensarlas y devolverles lo que me llevé, y enseñároslo sin perm...
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yo también tengo el alma a color
Hay almas en femenino que no necesitan pintarse con ceras manley, porque aunque emborronadas por carboncillo por encima, ellas las tienen a colores fosforitos, vivas. Por ellas y para ellas. Por las almas a color.